El papel del sistema financiero en las organizaciones criminales, el lavado de dinero y el diseño de políticas contra el lavado de dinero: cómo lograr un equilibrio entre la persecución penal y la prevención
Alejandro Werner
Roberto de Michele
Las organizaciones criminales dependen del sistema financiero para movilizar y utilizar sus ganancias ilícitas, encubriéndolas mediante un proceso conocido como “lavado de dinero”. Los fondos ilícitos procedentes de actividades delictivas primero se mezclan con los ingresos comerciales legítimos y luego se transfieren y estratifican a través del sistema financiero para ocultar su origen.
El marco global contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo (ALA/CFT), establecido por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) fue diseñado originalmente para facilitar la persecución del lavado de dinero y otros delitos conexos, especialmente el narcotráfico. Como resultado, muchos países adoptaron marcos centrados principalmente en las investigaciones penales. Si bien este enfoque sigue siendo importante, se ve dificultado por varios factores, entre ellos delincuentes cada vez más sofisticados que capturan mercados legítimos y, en América Latina y el Caribe (ALC), grandes economías informales y un uso intensivo del efectivo.
Las unidades de inteligencia financiera (UIF) ocupan un lugar central en estos marcos y desempeñan un papel clave a la hora de recopilar, analizar y compartir información sobre actividades sospechosas. Sin embargo, el aumento de las cargas operativas y de los requerimientos de otros organismos ha desviado su atención del análisis estratégico y la retroalimentación al sector privado.
En este documento se sostiene que el modelo tradicional centrado en la persecución penal pasa por alto el valor de un enfoque estratégico y preventivo de lucha contra el lavado de dinero (ALD). Esta estrategia permitiría “gravar” la actividad delictiva al dificultar y encarecer el uso del sistema financiero por parte de los delincuentes (a través de mejoras en la detección, las sanciones y el diseño del sistema), al tiempo que minimizaría las cargas para los usuarios legítimos. Se propone, entonces, inclinar la balanza a favor de medidas de política preventivas, especialmente el uso de tecnologías digitales para mejorar el cumplimiento y reducir los costos. Estas medidas están destinadas a complementar, no a reemplazar, la persecución penal. En última instancia, en este documento se examina por qué el ALD es importante, cómo ha evolucionado el marco, los desafíos en ALC, los límites del modelo centrado en la persecución penal y las opciones de política para fortalecer la prevención.

Sistemas de justicia y crimen organizado en América Latina: Cinco ejes de mejora
Laboratorio de Justicia y Política Criminal
Este documento plantea que la ineficacia de los sistemas de justicia de América Latina para enfrentar el crimen organizado no obedece primordialmente a la escasez de recursos, sino a una gestión poco estratégica que suele privilegiar respuestas punitivas individuales por sobre el impacto estructural. El diagnóstico identifica una carencia crítica de datos empíricos y señala que las reformas procesales previas han tenido poco éxito tanto en el incremento de la sanción penal por delitos graves como en la desarticulación de redes criminales complejas, limitándose a menudo a judicializaciones por flagrancia de bajo valor estratégico.
Ante este panorama, el documento propone cinco ejes de mejora: i) la focalización estratégica de la persecución penal en delitos de alto impacto, ii) el fortalecimiento de la articulación interinstitucional, iii) la implementación de macroinvestigaciones que trasciendan los hechos aislados para comprender patrones y estructuras criminales, iv) la optimización de la cooperación entre jurisdicciones, y v) el diseño de marcos jurídicos robustos para la justicia premial y el sometimiento colectivo de organizaciones criminales. En conjunto, la propuesta aboga por una política criminal estratégica y basada en evidencia, que priorice la disuasión de la violencia, el desafío al Estado y los daños ambientales graves, mediante un uso focalizado, coordinado y transparente de las capacidades represivas del Estado.

